Resistiré

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A estas alturas de la pandemia hay una historia que todavía no te hemos contado.

Mediados de noviembre de 2019. En la radio acabamos de vivir el fin de semana de la Marca Sports Weekend en Marbella, seguro que lo recuerdas.  Es un evento de conferencias y actos relacionados con el deporte y con un montón de estrellas: Boris Becker, Mike Powell, Anatoly Karpov, Sergio García, Del Bosque, Javi Fernández...

El lunes 18 de de noviembre comenzaba la Copa Davis en Madrid con un nuevo formato.  Una Copa Davis que íbamos a ganar días después con la selección de Nadal y compañía.

Y en el fútbol hubo terremoto.  Porque España goleó a Rumanía 5-0 en el Metropolitano. Y sí, aquel día fue la noche de cuchillos largos, el último partido de Robert Moreno como seleccionador.  Al día siguiente Luis Enrique le llamaría desleal en rueda de prensa.

Todos estábamos muy pendientes de todo eso y de muchas más cosas que estaban en el ocurriendo en el deporte y en nuestras vidas.  Pero algo, aquellas horas, estaba ocurriendo justo en ese momento a 9714 kilómetros de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.

En la provincia de Hubei, en China, el 17 de noviembre de 2019, caía enfermo un hombre de 55 años. Aquel hombre fue el paciente cero del Covid-19.

Este dato lo ha dado el periódico South China Morning Post que ha tenido acceso a documentos del Gobierno de Pekín. Ahora están tratando de identificarlo. Desde aquel día y hasta que acabó el mes de noviembre se estima que se infectaron entre 2 y 5 personas al día.

La revista científica The Lancet ha situado el comienzo de la infección el 1 de diciembre, y para la Organización Mundial de la Salud es el 8 de diciembre el día del primer infectado oficial.

Esto lo sabemos ahora.  Pero entonces vivíamos en nuestros mundos de polémicas y videoarbitrajes.  Pero allí, a 9714 kilómetros de las salas VOR el virus empezaba a multiplicarse sin que las autoridades chinas levantaran la voz.

Fue en un grupo de WeChat, que es el Whatsapp que se usa allí.  Un oftalmólogo de 34 años llamado Li Wenliang avisó a 150 alumnos de su facultad de medicina: cuidado, tenemos 7 casos con un extraño virus aquí en el hospital de Wuhan. Vienen de la zona del mercado. Puede que haya vuelto el SARS.

Fue la primera vez que alguien levantó la mano para decir públicamente que algo estaba pasando.  Y fue mes y medio después del primer infectado.

El pantallazo de esa conversación de WeChat se propagó entre la población, paradójicamente se hizo viral, y en Año Nuevo ya muchos hablaban en Wuhan de un nuevo virus, un nuevo SARS, que son las iniciales del Síndrome Agudo Respiratorio Severo.

Las autoridades chinas localizaron a Li Wenliang y le acusaron de propagar bulos y mentir.  Fue llevado a una comisaría y a firmar una carta en la que se comprometía a no volver a divulgar bulos ni rumores.

Eso ocurrió una semana después de su primer mensaje.  El 8 de enero atendió en el hospital a una paciente con glaucoma, que todavía no presentaba síntomas, pero era portadora del nuevo virus.  Le infectó. El día 10 Li Wenliang empezó a tener los primeros síntomas. Enfermó y tuvo que ser ingresado.

Cuando ya no había cómo esconder la enfermedad, Li Wenliang se convirtió en un símbolo para millones de chinos.  Era el rostro de lo mal que se había llevado esta crisis: ocultación, encubrimiento y amenazas. Una incompetencia total.

El 1 de febrero recibió el diagnóstico y falleció unos días después.  Desde su cama, unos días antes, hablaba con la CNN y reconocía que no se sentía bien y que tenía dificultades para respirar.

Se sabe que el virus procede de un murciélago, pero se sospecha que ha tenido que pasar por otro animal, porque entonces, en noviembre y diciembre, los murciélagos de esa región de China estaban invernando.

Esta crisis empezó allí, a 9714 kilómetros de distancia, hace 120 días.  Parecen pocos días para recorrer tantos kilómetros, pero así es. La humanidad está pasando por uno de los momentos más difíciles de su historia. Una amenaza global, para todos los hombres y mujeres del planeta.  Y el enemigo es invisible.

Nunca antes habíamos sentido tantos que habíamos perdido la partida.  Nunca habíamos dormido tan solos. Nunca habíamos sentido miedo del silencio, ni nos habíamos sentido tan arropados con un aplauso.

Nunca como ahora se nos habían rebelado los recuerdos que nos ponen contra la pared.

Si de algo está sirviendo esta crisis es para darnos cuenta de que aunque los vientos de la vida soplen fuerte, somos como juncos que se doblan pero siempre siguen en pie.

Porque para seguir viviendo.  Resistiremos.

Este espacio se ha emitido antes de su publicación como podcast en el programa "A Diario" de Radio MARCA.

Publicado: 16 mar. 2020

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